Capítulo 3
Esta tarde tengo que saber de lo que soy capaz, todo el mundo sabrá de lo que soy capaz. Son las pruebas. Nos irán llamando uno por uno hasta el final. Cada tributo deberá hacer lo que mejor se le de para ser puntuados del uno al doce y a sí conseguir aliados, patrocinadores, o, en algunos casos, ser un objetivo inevitable. Llaman a todos los tributos por orden, empezando por el Distrito 1 hasta el Distrito 12. Al rato Peeta y yo somos los únicos que quedamos en la sala.
-¿Qué vas a hacer?- le pregunto a Peeta que mantiene la vista fija en el suelo.
-Camuflaje-me responde después de pensárselo bien.-¿y tú?
-Creo que,-digo mirando el blanco techo de la sala.-puntería.
Peeta esboza una sonrisa, me mira a los ojos y finalmente me pregunta:
-¿Tienes puntería?- Peeta vuelve a bajar la vista y lo mismo hace con su sonrisa.-Claro, siendo hermana de Katniss.- dice respondiendo a su propia pregunta.
El silencio vuelve a reinar entre nosotros. Pienso en que tengo que disfrutar los momentos que me quedan de vida. Los pocos momentos que me quedan de vida. Pasa poco tiempo cuando escucho que los Vigilantes llaman al siguiente: Peeta Mellark. Cuando se levanta le digo adiós con la mano y le grito: ¡Suerte! El me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa. En los quince minutos aproximadamente que estoy sola en la sala, hago cosas con los dedos de las manos. Los junto. Los separo. Y hago figuras raras con ellos. Luego me llaman y me obligo a entrar. Peeta me desea suerte cogiéndome de las manos y luego se va. Cuando entro todo el mundo clava su atención en mí. Me pregunto si con Katniss también hubiese sido a sí. Tengo tres tiros, el primero da en la cabeza. El segundo en el corazón. Y el tercero, al ver que no me están haciendo caso, lo desvío a la cabeza del Jefe de los Vigilantes. El cuchillo rueda. Pero Seneca se agacha justo a tiempo. Y el cuchillo se clava en la pared azul celeste. Suelto una risa traviesa y luego digo burlona.
-Gracias por su atención.